20 de septiembre de 2007

Haciendo clases

Mientras no estoy en las alturas del desierto, me dedico completamente a realizar clases entre muchas otras aficiones. Enseño soporte multimedia en una Universidad a personas mayores de edad, trabajadores que bordean ls 60 y 70 años. Es gratificante, en sus vidas habían usado un computador...en sus vidas habían imaginado un computador. En su mayoría son mineros, pescadores, gente de trabajo, gente de manos duras, callosas, generosas.
Se siente bien.Se siente humano, demasiado humano.

5 comentarios:

Anónimo dijo...

Hola!
me di un paseo por tu blogg.Me gusto mucho, me parecen muy interesantes tus escritos, en particular "sonidos sepias"... tiene algo...
atrayente. especial.
que genial poder estar tan cerca del cielo... añoro recorrer paisajes en donde no este presente el smog jojo

te felicito por tu trabajo

saludos!!

Clarice Baricco dijo...

Nunca dejes de ser humano, ya no es fácil encontrarlos.


Abrazos

Anónimo dijo...

a través de lo que puedo leer en tu blog me doy cuenta lo humano que eres...

espero sigas igual personas como tú son difíciles de hayar.-

Anónimo dijo...

Hola amigo Manu!... vine , lei, soñé y releí... hay cosas que nunca dejan de sorender, la historia y la histeria de otros hace completar un sistema de historias propias...
Me tiene encantada tu escritura, la qe dice mucho más de lo que se ve...
algun día nos encontraremos amigo mío y para mi será un orgullo conocerte.
Adiós
Alitta...

Anónimo dijo...

Hay algunos afortunados que pueden entender lo que hay de humano en cada letra que traspasamos a otro, en cada concepto, en cada idea, en cada sonido. Con esos símbolos (unidades mínimas o complejas) va mucho más que lo que significan. Van trocitos de nosotros mismos, van acervos comunes, van visiones de vida y de mundo, va el profundo amor y respeto por la condición humana toda.
Enseñar a un niño sordo, por ejemplo, no se queda en el simplísimo desafío profesional; es sentir por el otro, para el otro, con el otro... es buscar esa vibración del alma que provoque el milagro. No siempre se logra. Pero siempre queda lo aprendido, por el alumno y -en especial- por el maestro.
Enseñar es una bendición y quien no lo entiende de esta forma, se priva a sí mismo del mayor de los aprendizajes.